Columna de Opinión | La transformación necesita una casa
Para la mayoría de las familias, la política no se mide en discursos ni reuniones partidistas. Se mide en el salario, la atención médica, la escuela de los hijos, la seguridad de la colonia y los servicios que llegan —o no— a la comunidad.
Por eso, hablar de transformación significa volver a lo esencial: escuchar al pueblo y atender sus necesidades.
El obradorismo nació de esa idea. Fue construido por trabajadores, mujeres, jóvenes, campesinos y comunidades que durante años caminaron, se organizaron y defendieron la esperanza de un país más justo.
Esa base popular necesita una casa donde pueda seguir participando y donde su voz no sea sustituida por decisiones tomadas desde los escritorios.
En Veracruz, el Partido del Trabajo busca asumir esa responsabilidad: convertirse en el Partido de la Transformación y en la casa del obradorismo popular.
Esto no significa romper la unidad de la Cuarta Transformación. Significa fortalecerla desde sus raíces, reconocer a quienes han sostenido el movimiento y defender el principio de que primero está el pueblo.
La nueva etapa del PT deberá demostrarse en las calles y comunidades. Menos política de temporada y más presencia permanente. Menos decisiones entre grupos y más participación ciudadana. Menos promesas y más resultados.
El reto para Adrián González Naveda y la nueva estructura del partido será abrir espacios para liderazgos con trabajo real, acompañar las causas ciudadanas y regresar al territorio para rendir cuentas.
Las candidaturas llegarán después. Primero deben estar las familias, las comunidades y las causas.
Porque la transformación no pertenece a una oficina ni a una dirigencia. Le pertenece al pueblo que la hizo posible.
Y ese pueblo necesita una casa abierta para seguir organizándose, participando y transformando Veracruz.

